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martes, 9 de agosto de 2016

El aceite de oliva, base de la dieta mediterránea

Desde hace años, la comunidad científica está alertando que una mala alimentación, especialmente aquélla con exceso de grasas saturadas, está provocando un aumento de la obesidad y el sobrepeso y de otros factores de riesgo cardiovascular, como el colesterol elevado y la diabetes. Por ello, cada vez son más los expertos que abogan por una reeducación de la población hacia la recuperación de la esencia de la Dieta Mediterránea y el consumo del aceite de oliva como principal componente graso en nuestra dieta. De hecho, el éxito de la Dieta Mediterránea se basa en su equilibrio: aporta la proporción idónea y equilibrada de cereales, verduras, frutas, carnes, pescados y lácteos necesaria para el organismo, con el aceite de oliva como fuente de ácidos grasos monoinsaturados. Además, el uso del aceite de oliva tanto
para cocinar como para aderezar alimentos, ofrece al consumidor todos los beneficios saludables del tan preciado “oro líquido”: desde la prevención de algunos factores de riesgo cardiovascular, hasta el retraso del envejecimiento o la prevención de algunos tumores.
El aceite de oliva virgen es el zumo de la aceituna, por lo que conserva todo el sabor y propiedades nutritivas del fruto del olivo. El aceite de oliva es el más rico en ácido oleico. Es por tanto una grasa monoinsaturada, con efecto muy beneficioso sobre el colesterol, bajando las tasas de LDL, colesterol malo, y incrementando las de HDL, el bueno (adecuado pues en todos los problemas cardiovasculares).
Además el aceite de oliva virgen extra (obtenido de la primera presión en frío), es muy rico en vitamina E, que protege a la grasa de la peligrosa acción de los radicales libres, oponiendo resistencia a la oxidación que estos producen sobre el cuerpo humano. También tiene efectos anticancerígenos, y favorece la digestión porque estimula la vesícula biliar. Posee un efecto protector sobre la epidermis, favorece la bosorción del calcio y la mineralización, amén de otros efectos beneficiosos.


jueves, 9 de junio de 2016

La cerveza, una colaboración del Dr Juan Carlos Moreno


Posee más de 2.000 componentes que proceden de ingredientes como el lúpulo y la cáscara de cebada o que son consecuencia del proceso de fermentación de estas materias primas. Su composición nutricional ha generado un creciente interés por estudiar la relación de su consumo moderado con la salud.

La cerveza, bebida originaria de la cultura mediterránea vinculada desde la antigüedad a fines terapéuticos, por ejemplo, hace 6.000 años era consumida por los sumerios con el objetivo de evitar enfermedades infecciosas del agua, luego los griegos y los romanos la utilizaron en todos sus imperios,…

¡Hipócrates la asoció a importantes beneficios como calmante suave para apagar la sed, su aportación a la elocución, por su fortalecimiento del corazón y su defensa de las encías!..., además, galos y germanos mejoraron la técnica de fabricación original con métodos similares a los actuales.

Es una bebida fermentada, de baja graduación alcohólica y con unas características específicas en su composición que la diferencian del resto de bebidas y le confieren un especial interés nutritivo.

Está elaborada a partir de ingredientes naturales como el agua, la cebada malteada y el lúpulo y con bajo contenido calórico (45 kcal/100 ml) y diversos nutrientes como vitaminas del grupo B (especialmente ácido fólico), fibra y minerales (silicio, potasio, magnesio, calcio y poco sodio).

En concreto, en los últimos 25 años se han publicado numerosas investigaciones científicas que confirman su actividad antioxidante y, por tanto, sus posibles beneficios sobre las enfermedades cardiovasculares, la salud ósea o la mejora del sistema inmune. Asimismo, algo muy importante, uno de los polifenoles más destacados de la cerveza es el xanthohumol, presente en el lúpulo, que ha demostrado en diversas investigaciones científicas in vitro y en animales de experimentación poseer actividad quimiopreventiva frente a varios tipos de cáncer.

La cerveza sin alcohol se trata de una bebida altamente hidratante cuyo consumo moderado puede estar incluido en la dieta de aquellas personas que padecen hipertensión arterial, puesto que un botellín de esta cerveza aporta al día 10 mg de calcio, potasio y muy poco sodio, además, contiene cantidades variables de compuestos fenólicos con efectos antioxidantes que contribuyen a prevenir las enfermedades cardiovasculares. Por lo tanto, el consumo moderado de las bebidas fermentadas puede formar parte de una alimentación saludable añadida a la Dieta Mediterránea, por las propiedades que les confieren su baja graduación y las materias primas con las que están elaboradas.

No olvidemos que la Dieta Mediterránea es quizá uno de los modelos alimentarios más saludable del planeta, hecho corroborado por numerosos estudios epidemiológicos y experimentales de nutrición que muestran que los países del Mediterráneo gozan de tasas de morbilidad por enfermedades crónicas más bajas y esperanza de vida más elevada.

En definitiva, la ingesta moderada de bebidas ricas en polifenoles, como la cerveza, ejerce efectos protectores sobre el sistema cardiovascular, múltiples estudios epidemiológicos avalan que el consumo moderado de estas bebidas ricas en los citados polifenoles, también la sidra, tienen muchos beneficios en el organismo,… ¿Qué se considera una ingesta moderada de cerveza?... ¡pues no más de tres vasos al día!.
Juan Carlos Moreno es colaborador habitual de Médicos y Pacientes (Rincón del paciente)











miércoles, 27 de abril de 2016

El secreto del vino tinto


Distintos estudios científicos han demostrado que los habitantes de los países que siguen la dieta mediterránea y por tanto consumen vino en cantidades moderadas tienen un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Esto llevó a la comunidad científica a estudiar este tema en profundidad, comparando los datos de diferentes países europeos con resultados en muchos casos sorprendentes y contradictorios. Tal fue el caso de Francia. Resultaba paradójico que los franceses mostrasen altos niveles de colesterol, (debido al consumo de mantequillas, natas y quesos) y, sin embargo, presentaran una mortalidad baja por problemas de corazón. A este hecho se le llamó " la paradoja francesa". Más tarde, se observó que los franceses a diferencia de los habitantes de los países nórdicos tomaban en las comidas
una copa de vino tinto.
Investigadores del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia (INSERM, en sus siglas en inglés) han descubierto el mecanismo molecular que explica los beneficios para la salud arterial que ofrece el consumo de vino tinto, según las conclusiones publicadas en el último número de la revista científica 'PLoS One'.
La investigación se ha llevó a cabo en ratones y estuvo centrada en estudiar los efectos de los polifenoles del vino , un grupo de sustancias químicas que provocan un efecto vasodilatador gracias a la producción de monóxido de carbono de las células endoteliales que recubren la pared arterial.
En concreto, este equipo de científicos ha comprobado que es un tipo de polifenol, la delfinidina, el que activa un receptor de estrógeno del subtipo alfa y desencadena la producción de óxido nítrico que provoca dicha "relajación vascular"
De hecho, cuando estos roedores fueron desprovistos de dicho receptor dicha disminución de la presión arterial no se produjo lo que prueba que para obtener estos beneficios es precisa la presencia del citado receptor de estrógeno.
Para completar este hallazgo, Chapolin y su equipo probaron con un medicamento contra el cáncer, fulvestrant, que actúa como inhibidor de este receptor y dificulta la capacidad de las arterias para dilatarse.
El efecto cardiosaludable del vino tinto, en dosis moderadas, es algo que ya los cardiólogos conocían, que actúa como inhibidor de este receptor y dificulta la capacidad de las arterias para dilatarse. Según este experto, se abren nuevas vías sobre el "potencial terapéutico de los polifenoles en las enfermedades cardiovasculares".
El efecto cardiosaludable del vino tinto, en dosis moderadas, es algo que ya los cardiólogos conocían. Por tanto estos estudios franceses vienen a aportar más consistencia científica al consumo de este producto.
El prestigioso cardiologo español Valentin Fuster ha dicho: "Se han hecho estudios que sugieren que beber vino tinto, cuando no es en exceso, puede resultar un elemento preventivo del mal cardíaco. Tal vez, por su efecto antioxidante. Lo cierto es que en los países mediterráneos, que tienen una dieta alimenticia muy variada en la que se incluye el vino, se dan menos enfermedades del corazón".
Además, el vino tiene una acción antiespasmódica, activa la secreción biliar, se le conoce una acción antibacteriana, posee acción antihistaminica, aporta minerales como el magnesio, el zinc, el litio, el calcio y el potasio, palia la pérdida de memoria . Todos estos beneficios se producen con dosis moderadas, nunca más de 30 gramos al día.