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viernes, 11 de marzo de 2016

Xerostomia

La xerostomía o sensación subjetiva de sequedad bucal se caracteriza en muchos casos por una disminución de secreción salival o por cambios en la composición bioquímica de la saliva.
Existen dos tipos de xerostomía, una circunstancial y otra persistente. En la primera, el tratamiento de la sequedad bucal se puede enfocar hacia la cura de la causa subyacente, es decir, eliminando el factor etiológico que la produce y mediante el uso de estimulantes de la producción natural de saliva, como los sialogogos.
No obstante, ante una xerostomía irreversible, muchas veces causada por fármacos de patologías crónicas como, por ejemplo, una enfermedad autoinmune, o bien originada por una medicación cuyos beneficios farmacológicos son mayores que el efecto secundario producido, se pueden aplicar medidas terapéuticas centradas en minimizar los síntomas de sequedad bucal.
La radioterapia de cabeza y cuello, determinados fármacos y ciertas condiciones sistémicas son causas habituales de la boca seca. La xerostomía, o síndrome de boca seca, es un trastorno caracterizado por la sensación de falta de saliva en la boca. Cada día, un adulto sano produce normalmente entre 1,5 y 2 litros de saliva, lo que permite hablar, tragar, saborear la comida, digerir los alimentos y realizar otras funciones importantes. La sensación de sequedad bucal es habitual en determinados momentos (como consecuencia del estrés, nerviosismo, etc.), pero si persiste a diario (dando lugar a síntomas tales como dificultad para comer, hablar y masticar, sensación de ardor o una necesidad frecuente de beber agua mientras se come), se puede convertir en un serio problema para la salud bucal, ya que la sequedad irrita los tejidos blandos de la boca, lo que puede hacerlos más susceptibles a las infecciones, provocar un aumento de caries e incluso contribuir al mal aliento.
En las encías, la sequedad de la boca aumenta la placa bacteriana y la incidencia y gravedad de la
enfermedad periodontal. Más de 500 medicamentos, como los antihistamínicos (para la alergia y el asma), los antihipertensivos (para la tensión arterial), los descongestionantes, los diuréticos o los antidepresivos provocan, como efecto colateral, sequedad de boca. Según los expertos, el mayor porcentaje de casos de boca seca está producido por dichos medicamentos, aunque la sequedad se asocia también a otras
enfermedades, como la diabetes y algunas de tipo autoinmune.
Para tratar la xerostomía, se recomienda una óptima higiene oral en la que se incluyan cepillados diarios, el uso de colutorios, así como revisiones periódicas (cada 6 meses) con profesionales especialistas en afecciones de la cavidad oral.
Al disminuir el flujo de saliva, los dientes quedan más desprotegidos. Por eso, este tipo de pacientes
tienen más riesgo de desarrollar caries, infecciones periodontales y gingivales y candidiasis. Se aconseja, además, no abusar de bebidas alcohólicas y controlar la dieta: evitar, por tanto, alimentos que exacerben la sensación de boca seca.
Las personas con boca seca deben realizar revisiones regulares con el dentista, y explicar la medicación que toman, por si se pudiese modificar o reducir la dosis. Es fundamental aumentar la ingesta de líquidos, masticar chicle sin azúcar, evitar el tabaco y consumo de bebidas con cafeína y alcohol. A veces, el dentista puede recomendar sustitutos de saliva o sustancias hidratantes orales para mantener la boca húmeda.
Si nos encontramos ante un caso de xerostomía reversible originada, por ejemplo, por fármacos, la
eliminación del tratamiento puede llevar a la cura de esta condición. Si por el contrario, no es aconsejable retirar, fraccionar o cambiar la prescripción médica o nos encontramos ante un caso de xerostomía irreversible, podemos recomendar el uso de sustitutos salivares, humectantes e hidratantes, los cuales humedecen temporalmente la mucosa oral. De esta forma, se palian algunos síntomas (dificultad en el habla y en la deglución de alimentos, alteraciones gustativas, sensación de ardor y dolor en la lengua,
incremento del riesgo de caries y gingivitis) que pueden mermar la calidad de vida del paciente.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Caries

Nueve de cada 10 personas en todo el mundo presentan riesgo de tener algún tipo de enfermedad bucodental, desde caries hasta enfermedades de las encías pasando por el cáncer de boca, advierte la
Organización Mundial de la Salud (OMS), que recuerda que la prevención empieza en la infancia y, sin embargo, incluso en los países desarrollados, entre el 60% y el 90% de los niños en edad escolar tienen caries.
Fuente
Las caries dentales son uno de los trastornos más comunes, después del resfriado común. Suelen aparecer en los niños y en los adultos jóvenes, pero pueden afectar a cualquier persona y son una causa común de pérdida de los dientes en las personas más jóvenes.
Las bacterias se encuentran normalmente en la boca y convierten todos los alimentos, especialmente los azúcares y almidones, en ácidos. Las bacterias, el ácido, los residuos de comida y la saliva se combinan en la boca para formar una sustancia pegajosa llamada placa que se adhiere a los dientes. Es más común en los molares posteriores, justo encima de la línea de la encía en todos los dientes y en los bordes de las obturaciones.

La placa que no se elimina de los dientes se convierte en una sustancia llamada sarro. La placa y el sarro irritan las encías, produciendo gingivitis y periodontitis.
La placa comienza a acumularse en los dientes al cabo de 20 minutos después de comer. Si ésta no se
quita, comenzará a presentar caries.
Los ácidos en la placa dañan el esmalte que cubre el diente y crean orificios allí (caries). Las caries
generalmente no duelen, a menos que se tornen muy grandes y afecten los nervios o causen una fractura del diente. Sin tratamiento, pueden llevar a un absceso dental. La caries dental que no se trata también destruye el interior del diente (pulpa), lo cual causa la pérdida de éste.
Los carbohidratos (azúcares y almidones) aumentan el riesgo de caries dentales. Los alimentos pegajosos son más dañinos que los no pegajosos, ya que permanecen sobre los dientes. Los refrigerios frecuentes aumentan el tiempo en que los ácidos están en contacto con la superficie del diente.
El tratamiento puede ayudar a impedir que el daño a los dientes lleve a caries dentales.
El tratamiento puede involucrar: Obturaciones, coronas y tratamiento de conductos
Los odontólogos obturan los dientes eliminando el material dental cariado con el uso de una fresa dental y reemplazándolo con un material como las aleaciones de plata, oro, porcelana o resina compuesta. Estos dos últimos materiales son los que más se asemejan a la apariencia natural del diente y pueden preferirse para los dientes frontales. Muchos odontólogos consideran que las amalgamas (aleaciones) de plata y de oro son más resistentes y suelen usarlas para los dientes posteriores, aunque también hay una tendencia a
utilizar la resina compuesta altamente resistente en los dientes posteriores.
Las coronas o "fundas dentales" se usan si la caries es extensa y hay una estructura dental limitada, la cual puede ocasionar un diente debilitado. Las obturaciones grandes y la debilidad del diente aumentan el riesgo de ruptura del mismo. El área cariada o debilitada se elimina y se repara. Se coloca una corona sobre la parte del diente que queda. Dichas coronas suelen estar hechas de oro, porcelana o porcelana pegada a metal.
Un tratamiento de conductos se recomienda si el nervio del diente muere como consecuencia de una
caries o de una lesión. Se extrae el centro del diente, incluidos el nervio y el tejido (pulpa) vascular, junto con las porciones cariadas del diente y las raíces se rellenan con un material sellante. El diente se rellena y por lo regular se necesita una corona.
La higiene oral es necesaria para prevenir las caries y consiste en la limpieza regular profesional (cada 6 meses), cepillarse por lo menos dos veces al día y usar la seda dental al menos una vez al día. Se pueden tomar radiografías cada año para detectar posible desarrollo de caries en áreas de alto riesgo en la boca.
Los alimentos masticables y pegajosos, como frutas deshidratadas y caramelos, conviene comerlos como parte de una comida en lugar de refrigerio. De ser posible, cepíllese los dientes o enjuáguese la boca con agua luego de ingerir estos alimentos. Reduzca los refrigerios, los cuales generan un suministro continuo de ácidos en la boca. Evite el consumo de bebidas azucaradas o chupar caramelos y mentas de forma constante.
Los sellantes dentales pueden prevenir algunas caries. Los sellantes son películas de material similar al plástico que se aplican sobre las superficies de masticación de los dientes molares y previene la acumulación de placa en los surcos profundos de estas superficies vulnerables. Los sellantes suelen aplicarse a los dientes de los niños, poco después de la erupción de los molares. Las personas mayores también pueden beneficiarse del uso de los sellantes dentales.
Con frecuencia, se recomienda el fluoruro para la protección contra las caries dentales, pues está
demostrado que las personas que ingieren fluoruro en el agua que beben o que toman suplementos de
fluoruro tienen menos caries. El fluoruro ingerido cuando los dientes se están desarrollando se incorpora dentro de la estructura del esmalte y lo protege contra la acción de los ácidos.
También se recomienda el fluoruro tópico para proteger la superficie de los dientes, lo cual puede incluir una pasta dental o un enjuague bucal. Muchos odontólogos incluyen la aplicación de soluciones tópicas de fluoruro (aplicadas a un área localizada de la dientes) como parte de las consultas de rutina.