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martes, 24 de noviembre de 2015
Bici y contaminación
Frente al temor de los urbanitas a realizar ejercicio al aire libre -algo que las autoridades sanitarias recomiendan no hacer en las horas de máxima concentración de partículas ni en el caso de grupos especialmente vulnerables (niños, ancianos y personas con afecciones respiratorias)- los expertos creen que la bici puede ser una buena alternativa para muchos ciudadanos. Hay quien manifiesta que aunque haya más contaminación, la bici es mejor que el coche o la moto porque el beneficio sobre la salud es mayor al perjuicio que se genera. Esos beneficios son 70 veces mayores a los riesgos.
Aunque se admite la obviedad de que al hacer ejercicio se inhalan más partículas, se anima a “quitarse el miedo”. Un conductor también está respirando aire contaminado y sin embargo no lo está contrarrestando aportando nada positivo a su organismo. Por eso, se aconseja que hay que seguir usando la bici, puesto que así se dejan de emitir contaminantes y además el principal beneficiado es el ciclista.
Además se señala que la principal medida para intentar reducir la exposición a la polución es elegir una buena ruta. Esto puede ser generalmente “circular por la vía paralela a la ruta convencional”, ya que en ellas la concentración de contaminantes puede ser hasta un 60% menor. Y, junto con esta medida, pueden adoptarse otras como salir media hora antes o después de las horas punta o ir sin prisas para que la actividad física no sea tan intensa.
¿Y las mascarillas? Se recuerda que su uso (hay muchos tipos de mascarilla) se recomienda sobre todo para personas con asma o problemas respiratorios ya que “por desgracia solo protegen frente a las partículas de mayor tamaño” y en la mayoría de personas aportan menor provecho del que se cree. Se considera de sentido común que el uso de la mascarilla nunca va a perjudicar al ciclista y siempre hará algo. Pero lo más importante es pensar en medidas a largo plazo como en otras grandes ciudades porque el problema no es un día de inhalación, es respirar aire contaminado siempre.
"Lo ideal sería que mucha gente fuera en bici al trabajo pero no puntualmente, sino todos los días".
viernes, 20 de noviembre de 2015
Ruido y salud
El ruido, entendido como sonidos molestos que percibe el oído, es considerado contaminación, puesto que deteriora la calidad ambiental de allí donde vivimos. La molestia por ruido es siempre subjetiva ya que un mismo sonido se puede considerar agradable o molesto según sus características, el momento en que se produce y también cómo es la persona que la recibe. Pero lo que es objetivo es el mal que puede causarnos.
Los que vivimos en las grandes ciudades soportamos gritos en las calles, el sonido de los coches o las obras de construcción. Éstas son algunas de las causas por las que el 72 por ciento de los ciudadanos considera que vive en una ciudad ruidosa, tal y como señala el III informe Ruido y Salud DKV-GAES. El informe, que recopila datos sobre el nivel de exposición a la contaminación acústica de la población y cómo afecta a la salud de las personas, es la compilación más completa elaborada hasta la fecha sobre el tema. Esta percepción es aún mayor para los nueve millones de personas que cada día soportan niveles superiores a los 65 decibelios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Puede parecer un afirmación exagerada, pero no lo es: el tráfico es la causa de miles de muertes al año en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto la contaminación atmosférica como acústica que generan los vehículos en las ciudades provoca 50.000 infartos al año en Europa. Y el ruido del tráfico en concreto, y sólo en Madrid, está relacionado con 1.048 muertes por problemas cardiovasculares y 1.060 por enfermedades respiratorias. Lo ha calculado un grupo de investigadores españoles que afirma que descender un decibelio de media los niveles de ruido diurno podría reducir hasta 468 el número de muertes: en 284 las muertes prematuras anuales de origen cardiovascular y en 184 las relacionadas con problemas respiratorios.
Cuando estos sonidos se producen durante el horario nocturno, se reducen las horas de sueño afectando así a la salud con la aparición de problemas cardiovasculares. Sus consecuencias dependen de la ciudad de España en la que se viva, pues si el 31 por ciento de los sevillanos declara tener problemas para dormir, en Barcelona sólo dos de cada diez tienen ese misma preocupación. Aun así, grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia se sitúan como las peor valoradas. Esta consideración tiene su origen en el ruido del tráfico, causante de más del 80 por ciento de la contaminación acústica, las fiestas de vecinos o el sonido de una obra, que es el elemento más molesto para los españoles.
viernes, 2 de octubre de 2015
Cambio Climático y Salud
Según la Organización Mundial de la Salud hay pruebas abrumadoras de que las actividades humanas están afectando al clima mundial, lo cual tiene graves repercusiones en la salud pública. El calentamiento global tiene consecuencias que ponen en riesgo la salud, tales como los fenómenos meteorológicos catastróficos, la variabilidad de los climas, que afecta a los suministros de agua y alimentos, los cambios
de la distribución de los brotes de enfermedades infecciosas o las enfermedades emergentes relacionadas con los cambios de los ecosistemas.
En un documento hecho público por el organismo multilateral se establecen diez puntos en los que se
consideran las consecuencias que el aumento de las temperaturas puede provocar sobre la salud.
1.- A lo largo de los últimos 50 años, las actividades humanas, y en particular la combustión de combustibles fósiles, han liberado cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero suficientes para afectar al clima mundial. La concentración atmosférica de dióxido de carbono, gas que atrapa más calor en las capas bajas de la atmósfera, ha aumentado en más de un 30% desde los tiempos anteriores a la revolución industrial. Los consiguientes cambios del clima mundial conllevan una serie de riesgos para la salud, tales como el aumento de la mortalidad por las temperaturas extremadamente elevadas o el cambio de la distribución de las enfermedades infecciosas.
2.- Del ecuador a los polos, el clima y la meteorología tienen grandes repercusiones directas e indirectas en la vida humana. Los fenómenos meteorológicos extremos, como las grandes lluvias, las inundaciones o los huracanes como el que arrasó Nueva Orleáns (EE.UU.) en agosto de 2005, ponen en peligro la salud y
destruyen propiedades y medios de subsistencia. En la última década del siglo XX, los desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas produjeron aproximadamente 600.000 muertes en todo el mundo, el 95% de ellas en países pobres.
3.- Las variaciones meteorológicas intensas a corto plazo también pueden afectar gravemente a la salud, causando estrés térmico o un frío extremo (hipotermia) y provocar el aumento de la mortalidad por enfermedades cardiacas y respiratorias. Unos estudios recientes parecen asociar las temperaturas récord alcanzadas en el verano de 2003 en Europa Occidental, con las 70.000 muertes más en el mismo periodo de años anteriores.
4.- El aumento de la temperatura global modifica los niveles y la distribución estacional de partículas aéreas naturales (por ejemplo, el polen) y pueden provocar el asma. Hay aproximadamente 300 millones de personas con asma y se teme que el alza en la temperatura eleve el número de personas con dicha enfermedad.
5.- La elevación del nivel del mar, otra consecuencia del calentamiento global, aumenta el riesgo de inundación de las costas y podría causar desplazamientos de población. Más de la mitad de la población mundial vive en una franja costera de 60 km de ancho. Además de producir directamente lesiones y muertes, las inundaciones pueden aumentar el riesgo de infecciones transmitidas por el agua y por vectores. Los desplazamientos de la población pueden aumentar las tensiones y el riesgo de conflictos.
6.- El aumento de la variabilidad de las precipitaciones puede poner en riesgo el suministro de agua dulce.
La escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial. La falta de agua y su mala calidad pueden poner en peligro la salud y la higiene, con el consiguiente aumento del riesgo de enfermedades diarreicas (causa de la muerte de 2,2 millones de personas cada año), de tracoma (una infección ocular que puede producir ceguera) y otras enfermedades.
7.- La escasez obliga a las personas a transportar el agua desde lugares alejados y a almacenarla en sus casas. Esto puede aumentar el riesgo de contaminación del agua y de las consiguientes enfermedades, además de servir de criadero de mosquitos que son vectores de enfermedades debilitantes como el paludismo o el dengue.
8.- Las condiciones climáticas influyen en las enfermedades transmitidas por el agua y por vectores como los mosquitos. Las enfermedades sensibles al clima se encuentran entre las principales causas de muerte.
La diarrea, el paludismo y la malnutrición proteinocalórica produjeron más 3 millones de muertes en 2004, de las cuales más de un tercio se registraron en África.
9.- La malnutrición es la causa de millones de muertes anuales, tanto por la falta de nutrientes suficientes para mantener la vida como por el aumento de la vulnerabilidad a enfermedades respiratorias y enfermedades infecciosas como el paludismo o la diarrea. Se prevé que el aumento de la temperatura del planeta y de la variabilidad de las precipitaciones reduzca las cosechas en muchas regiones tropicales en desarrollo donde la seguridad alimentaria ya es un problema.
10.- Las medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o atenuar las repercusiones sanitarias del cambio climático pueden tener otros efectos positivos en la salud. Por ejemplo, el fomento del uso del transporte público y de los medios de desplazamiento activos (la marcha o la bicicleta) como alternativa a los vehículos privados podría reducir las emisiones de dióxido de carbono y mejorar la salud pública. Además de reducir las lesiones relacionadas con el tránsito, también reduciría la contaminación
del aire y las enfermedades respiratorias y cardiovasculares asociadas. El aumento de la actividad física, puede reducir las tasas generales de mortalidad.
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