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sábado, 16 de mayo de 2020

Mi viejo maletín


Este blog nació con el objetivo de divulgar el conocimiento médico mediante textos, comentarios y referencias dirigidos a los profesionales sanitarios y a aquellas personas interesadas en temas de salud y organización sanitaria.

Enlace Tuit

martes, 21 de marzo de 2017

Consejos para mantener una buena hidratación

Mantenernos bien hidratados es la manera más sencilla de cuidar de nuestra salud.
1.- Es conveniente ingerir de 4 a 10 vasos de líquidos al día, aunque no se tenga sed, especialmente en situaciones de calor. Se aconseja la ingesta de agua y otras bebidas que son clave para asegurar una buena hidratación.
2.- Consumir ciertos alimentos con un alto porcentaje de agua puede ayudar a mantener un buen nivel de hidratación: frutas y verduras (melón, sandía, fresa, pomelo, uva, naranja, tomate, zanahoria, calabaza, etc.).
3.- Es conveniente hidratarse antes, durante y después de realizar ejercicio físico, y evitar practicarlo en los momentos del día de mayor calor.
4.- Para ayudar a una ingesta diaria adecuada de líquidos, puede ser conveniente ingerir bebidas con diversidad de sabores. En algunas ocasiones podría recomendarse el consumo de bebidas con sales minerales y glucosa para facilitar una mejor rehidratación en situaciones de deshidratación leve.
5.- No son recomendables las bebidas alcohólicas para evitar la deshidratación e incluso pueden llegar a provocarla. En caso de comidas copiosas, se requiere un aporte suplementario de líquidos.
La recomendación general para toda la población siempre ha sido la de beber dos litros de agua diarios, pero ¿se puede aplicar a todo el mundo? La verdad es que estos dos litros son solo una aproximación, eso sí, bastante acertada. Otras fórmulas que podemos utilizar para conocer nuestras necesidades de agua a lo largo del día son las siguientes:

Requerimiento diario de agua: 35 ml x kilogramos de peso
Requerimiento diario de agua: 1 ml x caloría gastada.


Para una persona de aproximadamente 70 kilos de peso, su requerimiento diario de agua según la primera ecuación sería de unos dos litros y medio, lo cual no anda desencaminado de la recomendación general. La dieta media de manteniemiento para una mujer suele ser de 2000 calorías; según la segunda ecuación, su consumo de agua debería ser de dos litros. La de un hombre es algo mayor, alrededor de 2500, por lo que el consumo diario de agua también debería ser superior. Pero siempre andamos rondando los dos litros o dos litros y medio al día.


Calculadora de Hidratación

martes, 13 de septiembre de 2016

Vacunación en adultos


Las vacunas constituyen una herramienta fundamental para la salud, dados los importantes beneficios individuales y comunitarios que suponen en todas las franjas de edad de la población. Las vacunas preparan al organismo para defenderse cuando microorganismos como bacterias o virus le invaden.

Con excepción de la vacuna de la gripe, a día de hoy todavía existe la creencia equivocada (incluso entre el personal sanitario) de que los niños han de ser los receptores fundamentales de las vacunas, cuando de hecho las personas mayores también requieren de una prevención por inmunización frente a toda una batería de enfermedades infecciosas ya que algunas vacunas administradas en la infancia  no inducen inmunidad duradera para toda la vida  y algunas enfermedades o situaciones especiales aumentan la susceptibilidad al contagio.

Las vacunas específicas que necesita un adulto se determinan por factores como la edad, el trabajo, el estilo de vida, las afecciones que tenga, los lugares donde viaje y las vacunas que haya recibido en el pasado. A lo largo de la vida adulta se recomiendan vacunas para que obtenga y mantenga protección determinadas afecciones.

La vacunación del adulto sano contempla las siguientes vacunas: gripe, difteria-tétanos-pertussis, sarampión-rubeola-paperas, varicela, herpes zóster, neumococo VNC13 y VNP23, meningococo C, hepatitis B y virus del papiloma humano.

El adulto con determinadas patologías o situaciones especiales (situaciones de riesgo) tiene mayor necesidad de recibir inmunización contra algunas enfermedades.

Para consultar:



El Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) revisa una vez al año las recomendaciones de vacunación dirigidas a los mayores de 60 años, para prevenir y evitar las enfermedades inmunoprevenibles de un colectivo cada vez más longevo, con múltiples patologías y vulnerable a los agentes externos. En esta revisión se evalúan las novedades en cuanto a incorporación en nuestro entorno de nuevos preparados vacunales autorizados en España, nuevas indicaciones de los productos farmacéuticos o nuevas situaciones epidemiológicas que justifiquen el uso restringido o universal de una determinada vacuna.



viernes, 13 de mayo de 2016

En verano, no envies de vacaciones a la salud de tu corazón

Dentro de muy poquitas semanas entraremos en el verano. El calor se apoderará de nosotros y habrá que extremar las medidas para que nuestra salud no se vea afectada. Hace años la Fundación Española del Corazón y la Sociedad Española de Cardiología ya recomendaba una serie de consejos para mantener la salud del corazón durante el verano sin abandonar los hábitos saludables.
Con el calor extremo, además de aumentar el riesgo de deshidratación si no se bebe la cantidad suficiente de líquido, incrementan las posibilidades de sufrir una vasodilatación de las arterias o de padecer hipotensión arterial, especialmente entre aquellos que toman fármacos para la hipertensión. Por ello, la Fundación Española de Cardiología (FEC) sugiere algunas medidas preventivas que nos ayudarán a mantener el corazón sano durante esta estación, adoptando diez sencillos hábitos:
1. Desayuno mediterráneo
Numerosos estudios demuestran que la dieta mediterránea es la mejor aliada de un enfermo del corazón.
Para comenzar el día, nada mejor que coger fuerzas con un desayuno mediterráneo, haciendo especial
hincapié en los cereales integrales, ricos en vitaminas y fibra, necesaria para regular el colesterol. Para acompañar, se puede optar por alguna fruta de temporada, como las fresas, ricas en antioxidantes, o el zumo de naranja. Los lácteos, es preferible tomarlos desnatados para controlar mejor el peso.
2. Paseo matutino por la playa

El calor no puede servir como excusa para dejar de hacer ejercicio, tan sólo hay que reajustar los horarios y protegerse del sol. La FEC recomienda que durante los días de calor se haga ejercicio a primera hora de la mañana. Este consejo es primordial para los enfermos de corazón, ya que un golpe de calor puede ser el comienzo de un infarto. Un paseo diario de una hora es seguro, tiene importantes beneficios cardiosaludables y mejora la circulación. Al andar por la playa, la arena provoca un efecto masaje sobre los pies, uno de los principales centros del sistema nervioso, por lo que ayuda a relajarse y a eliminar tensión.
3. Beber más de dos litros a día
A lo largo de todo el día es importante acordarse de la hidratación, sobre todo en el caso de personas
mayores, que muchas veces no tienen sensación de sed, pero que igualmente pierden líquidos al sudar más de lo normal debido al calor. Aunque depende de cada organismo, de media se deben ingerir entre dos y dos litros y medios diarios para mantener el equilibrio hídrico. En el caso de los enfermos con insuficiencia cardíaca, se recomienda que acudan al especialista para recibir asesoramiento sobre cómo deben hidratarse sin perjudicar su salud. El agua y los zumos naturales son las bebidas por excelencia para el verano, pero no hay que abusar de los que son ricos en azúcares.
4. Bañarse en el mar, vigilando las olas y la temperatura. Nadar es un ejercicio cardiosaludable, aunque los enfermos del corazón tienen que respetar algunas normas como no nadar en lugares de fuerte oleaje que requieran un esfuerzo físico extra. Un baño en el mar aporta relajación, remineraliza la piel y es una ocasión perfecta para hacer ejercicio. Cuando se padece del corazón es más recomendable nadar a braza, espalda o estilo libre que a mariposa. Otro aspecto a tener muy en cuenta es la temperatura del agua. Los cardiólogos desaconsejan bañarse en aguas por debajo de los 25º C, ya que el frío puede ser un desencadenante de arritmias o estrechar las arterias coronarias y producir una angina de pecho.

5. Al aire libre, pescado de temporada
Uno de los grandes placeres veraniegos consiste en disfrutar de las comidas al aire libre, ya sea por
vacaciones, encuentros familiares o fiestas patronales. Estas situaciones son, posiblemente, las que mayor peligro entrañan para la salud, en el caso de que se elija un menú poco cardiosaludable en el que prevalezcan las carnes grasas, los fritos y los rebozados. Una de las mejores opciones para evitar riesgos es decantarse por los pescados de temporada. Algunos de ellos también son aptos para asar a la parrilla, por lo que son perfectos para las barbacoas. El bonito, como pescado azul que es, ayuda a reducir el colesterol, ya que es una gran fuente de omega 3. Los pescados en conserva o salazón tienen un alto contenido en sodio, pero existen otros pescados ideales para las parrillas como los boquerones o las anchoas, siempre frescos.
6. Infusiones en vez de café
En la dieta habitual de un enfermo del corazón, el café no es muy recomendable, por ello muchos
pacientes lo sustituyen, por ejemplo, por el té verde, muy rico en antioxidantes. Aún así, es preferible decantarse por infusiones sin teína, pues ésta puede elevar la tensión arterial. En verano, consumir infusiones calientes suele ser menos apetecible, aunque existen modalidades como el té mentolado árabe que, pese a estar caliente, aporta sensación de frescor. Durante estos meses, no hay porqué abandonar un hábito tan saludable como el de tomar infusiones, puesto que el hielo puede convertirse en nuestro gran aliado.
7. Tiempo para la siesta
Dicen que no hay costumbre más española que echarse la siesta. Durante los meses de trabajo, descansar alrededor de 20 minutos por la tarde es una buena forma de recuperar fuerzas para afrontar el resto del día. Aunque se puede pensar que en vacaciones no es necesario, diferentes estudios ponen de manifiesto que la siesta no sólo sirve para recuperar energía, sino que también es una fuente de relajación que ayuda  a reducir la presión arterial e incluso el estrés, uno de los factores de riesgo en enfermedades cardiovasculares. En verano, dormir la siesta es una actividad que ayuda a combatir las horas del día de más calor, en las que es aconsejable no exponerse al sol, ni realizar actividades físicas. Si la hacemos en la playa, siempre bajo la sombrilla.
8. Por la tarde, un baño de sol
El sol es responsable de las reservas de vitamina D de nuestro organismo. Varios estudios auspiciados por la Asociación Americana del Corazón ponen de manifiesto que la carencia de este nutriente está
directamente relacionada con la aparición de la hipertensión, los ataques cardíacos, la diabetes o el ictus.
El 90% de la vitamina D proviene de la exposición solar y sólo el 10% de la dieta, por este motivo, el
verano es la estación perfecta para recargar las reservas de vitamina D, aunque hay que hacerlo con
mucha precaución, utilizando cremas de protección solar y evitando exponerse al sol desde el mediodía
hasta las seis de la tarde. Los expertos aseguran que con una exposición de tan sólo cinco o diez minutos
es suficiente para ayudar a metabolizar la tan necesaria vitamina D.
9. Terrazas sin alcohol
Tomar algo en la terracita es una tentación para resguardarse del sol y refrescarse. Los especialistas
recuerdan que no hay que confundir hidratación con el abuso de bebidas alcohólicas. La cerveza, por
ejemplo, tiene un efecto diurético, por lo que, lejos de lo que muchos piensan, no es la mejor aliada en
verano. Los enfermos del corazón tienen que evitar especialmente este tipo de bebidas; sin embargo, sí
pueden tomar una copita de vino tinto siempre que su médico se lo permita.
10. Verduras para cenar
En verano, es habitual comer o cenar fuera de casa, pero en lugar de consumir platos precocinados o con salsas, se debe optar por los alimentos cocinados en el momento, preferiblemente a la parrilla o al vapor.
Es un momento ideal para decantarse por las parrilladas de verdura. Y es que los meses de verano son los mejores para disfrutar de los productos de la huerta y no sólo en ensalada. El calabacín, los espárragos trigueros, la berenjena y los tomates, entre otras verduras, son un auténtico manjar preparados a la parrilla que agradecerá nuestro corazón.
En definitiva, se puede disfrutar del verano siguiendo unas simples recomendaciones cardiosaludables y usando el sentido común.
Es tiempo de aprovechar para hacer actividades diferentes pero sin perder los hábitos sanos

viernes, 20 de noviembre de 2015

Ruido y salud


El ruido, entendido como sonidos molestos que percibe el oído, es considerado contaminación, puesto que deteriora la calidad ambiental de allí donde vivimos. La molestia por ruido es siempre subjetiva ya que un mismo sonido se puede considerar agradable o molesto según sus características, el momento en que se produce y también cómo es la persona que la recibe. Pero lo que es objetivo es el mal que puede causarnos.
Los que vivimos en las grandes ciudades soportamos gritos en las calles, el sonido de los coches o las obras de construcción. Éstas son algunas de las causas por las que el 72 por ciento de los ciudadanos considera que vive en una ciudad ruidosa, tal y como señala el III informe Ruido y Salud DKV-GAES. El informe, que recopila datos sobre el nivel de exposición a la contaminación acústica de la población y cómo afecta a la salud de las personas, es la compilación más completa elaborada hasta la fecha sobre el tema. Esta percepción es aún mayor para los nueve millones de personas que cada día soportan niveles superiores a los 65 decibelios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Puede parecer un afirmación exagerada, pero no lo es: el tráfico es la causa de miles de muertes al año en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto la contaminación atmosférica como acústica que generan los vehículos en las ciudades provoca 50.000 infartos al año en Europa. Y el ruido del tráfico en concreto, y sólo en Madrid, está relacionado con 1.048 muertes por problemas cardiovasculares y 1.060 por enfermedades respiratorias. Lo ha calculado un grupo de investigadores españoles que afirma que descender un decibelio de media los niveles de ruido diurno podría reducir hasta 468 el número de muertes: en 284 las muertes prematuras anuales de origen cardiovascular y en 184 las relacionadas con problemas respiratorios.
Cuando estos sonidos se producen durante el horario nocturno, se reducen las horas de sueño afectando así a la salud con la aparición de problemas cardiovasculares.  Sus consecuencias dependen de la ciudad de España en la que se viva, pues si el 31 por ciento de los sevillanos declara tener problemas para dormir, en Barcelona sólo dos de cada diez tienen ese misma preocupación. Aun así, grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia se sitúan como las peor valoradas. Esta consideración tiene su origen en el ruido del tráfico, causante de más del 80 por ciento de la contaminación acústica, las fiestas de vecinos o el sonido de una obra, que es el elemento más molesto para los españoles.
 





viernes, 2 de octubre de 2015

Cambio Climático y Salud


Según la Organización Mundial de la Salud hay pruebas abrumadoras de que las actividades humanas están afectando al clima mundial, lo cual tiene graves repercusiones en la salud pública. El calentamiento global tiene consecuencias que ponen en riesgo la salud, tales como los fenómenos meteorológicos catastróficos, la variabilidad de los climas, que afecta a los suministros de agua y alimentos, los cambios
de la distribución de los brotes de enfermedades infecciosas o las enfermedades emergentes relacionadas con los cambios de los ecosistemas.
En un documento hecho público por el organismo multilateral se establecen diez puntos en los que se
consideran las consecuencias que el aumento de las temperaturas puede provocar sobre la salud.
1.- A lo largo de los últimos 50 años, las actividades humanas, y en particular la combustión de combustibles fósiles, han liberado cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero suficientes para afectar al clima mundial. La concentración atmosférica de dióxido de carbono, gas que atrapa más calor en las capas bajas de la atmósfera, ha aumentado en más de un 30% desde los tiempos anteriores a la revolución industrial. Los consiguientes cambios del clima mundial conllevan una serie de riesgos para la salud, tales como el aumento de la mortalidad por las temperaturas extremadamente elevadas o el cambio de la distribución de las enfermedades infecciosas.
2.- Del ecuador a los polos, el clima y la meteorología tienen grandes repercusiones directas e indirectas en la vida humana. Los fenómenos meteorológicos extremos, como las grandes lluvias, las inundaciones o los huracanes como el que arrasó Nueva Orleáns (EE.UU.) en agosto de 2005, ponen en peligro la salud y
destruyen propiedades y medios de subsistencia. En la última década del siglo XX, los desastres naturales relacionados con las condiciones meteorológicas produjeron aproximadamente 600.000 muertes en todo el mundo, el 95% de ellas en países pobres.
3.- Las variaciones meteorológicas intensas a corto plazo también pueden afectar gravemente a la salud, causando estrés térmico o un frío extremo (hipotermia) y provocar el aumento de la mortalidad por enfermedades cardiacas y respiratorias. Unos estudios recientes parecen asociar las temperaturas récord alcanzadas en el verano de 2003 en Europa Occidental, con las 70.000 muertes más en el mismo periodo de años anteriores.
4.- El aumento de la temperatura global modifica los niveles y la distribución estacional de partículas aéreas naturales (por ejemplo, el polen) y pueden provocar el asma. Hay aproximadamente 300 millones de personas con asma y se teme que el alza en la temperatura eleve el número de personas con dicha enfermedad.

5.- La elevación del nivel del mar, otra consecuencia del calentamiento global, aumenta el riesgo de inundación de las costas y podría causar desplazamientos de población. Más de la mitad de la población mundial vive en una franja costera de 60 km de ancho. Además de producir directamente lesiones y muertes, las inundaciones pueden aumentar el riesgo de infecciones transmitidas por el agua y por vectores. Los desplazamientos de la población pueden aumentar las tensiones y el riesgo de conflictos.
6.- El aumento de la variabilidad de las precipitaciones puede poner en riesgo el suministro de agua dulce.
La escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial. La falta de agua y su mala calidad pueden poner en peligro la salud y la higiene, con el consiguiente aumento del riesgo de enfermedades diarreicas (causa de la muerte de 2,2 millones de personas cada año), de tracoma (una infección ocular que puede producir ceguera) y otras enfermedades.
7.- La escasez obliga a las personas a transportar el agua desde lugares alejados y a almacenarla en sus casas. Esto puede aumentar el riesgo de contaminación del agua y de las consiguientes enfermedades, además de servir de criadero de mosquitos que son vectores de enfermedades debilitantes como el paludismo o el dengue.

8.- Las condiciones climáticas influyen en las enfermedades transmitidas por el agua y por vectores como los mosquitos. Las enfermedades sensibles al clima se encuentran entre las principales causas de muerte.
La diarrea, el paludismo y la malnutrición proteinocalórica produjeron más 3 millones de muertes en 2004, de las cuales más de un tercio se registraron en África.
9.- La malnutrición es la causa de millones de muertes anuales, tanto por la falta de nutrientes suficientes para mantener la vida como por el aumento de la vulnerabilidad a enfermedades respiratorias y enfermedades infecciosas como el paludismo o la diarrea. Se prevé que el aumento de la temperatura del planeta y de la variabilidad de las precipitaciones reduzca las cosechas en muchas regiones tropicales en desarrollo donde la seguridad alimentaria ya es un problema.
10.- Las medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o atenuar las repercusiones sanitarias del cambio climático pueden tener otros efectos positivos en la salud. Por ejemplo, el fomento del uso del transporte público y de los medios de desplazamiento activos (la marcha o la bicicleta) como alternativa a los vehículos privados podría reducir las emisiones de dióxido de carbono y mejorar la salud pública. Además de reducir las lesiones relacionadas con el tránsito, también reduciría la contaminación
del aire y las enfermedades respiratorias y cardiovasculares asociadas. El aumento de la actividad física, puede reducir las tasas generales de mortalidad.

lunes, 8 de junio de 2015

Viajar seguro y con seguro

En los últimos años han aumentado los viajes al extranjero. Las posibilidades que ofrecen las líneas aéreas de bajo coste han hecho posible que muchos españoles viajen a países muy diferentes al nuestro.
Familiares cercanos prefieren irse más allá de nuestras fronteras. Incluso en los tiempos que corren, afectados por la crisis económica y financiera, puede resultar más barato viajar a Cuba, Santo Domingo o Tailandia que costearse unos días en la costa española.
Todo ello lleva una preparación. Es cierto que Internet nos acerca a las diferentes soluciones: viajes, estancias en hotel, contratación de actividades multiaventura, pero pocas veces nos preocupamos de
prever las circunstancias que pueden afectar a nuestra salud.
Viajar enriquece culturalmente pero también puede convertirse en un factor favorable para enfermar. Las posibilidades de que nuestro viaje se convierta en una pesadilla pasan por saber desde como comportarse en un viaje transoceánico (en general viajes en avión superiores a las cuatro horas de duración) hasta tener claro que nuestro organismo debe adaptarse a las nuevas condiciones de vida en el país de destino.
Hábitos comunes en nuestra vida diaria como beber agua del grifo o cepillarse los dientes con esa misma agua puede representar un motivo para que se vayan al traste todos nuestros planteamientos previos.
No sólo hay que conocer las características geográficas, demográficas o culturales del país a visitar sino
que también hay que preocuparse por las enfermedades endémicas de esa zona geográfica. Para ello nada mejor que, 4 o 6 semanas antes de emprender el viaje, pasar por las consultas de Sanidad Exterior de los Departamentos de Salud Pública de las Consejerías de Salud de nuestras Comunidades Autónomas (en la mayoría se precisa cita previa) pues muchas vacunas son efectivas después de pasado ese tiempo.
Antes de iniciar el viaje hay que planificar con tiempo. Es conveniente realizarse un chequeo médico y odontológico para conocer que problemas se puede tener y que medicamentos deben formar parte de nuestro botiquín individual. Es conveniente dividir los medicamentos y llevarlos en dos sitios diferente para salvar cualquier posibilidad de robo o extravío. No olvide solicitar la tarjeta sanitaria europea o contratar un seguro de asistencia médica para aquellos países en que aquella no es válida. No olvide su
cartilla internacional de vacunación.
Dependiendo del país a visitar habrá que conocer si nuestro Seguro Médico va a cubrirnos. Hay que informarse sobre su cobertura. Los medicamentos que se deban llevar, por consumirse habitualmente,
deben ir en su envase original. No olvidarse de un pequeño botiquín de primeros auxilios.
Durante el viaje, si éste es largo, moverse con regularidad por la cabina del avión, realizando movimientos articulares sobretodo de las extremidades inferiores (rotación del tobillo en el sentido de las agujas del reloj y viceversa, flexoextensión del mismo, flesoextensión de rodillas y caderas), beber agua frecuentemente para evitar la deshidratación y usar ropa cómoda y poco ajustada. Evitaremos el síndrome de la clase turista caracterizado por trombosis venosa y sus complicaciones.
Llegados al país de destino vigilar la comida que se ingiera sobre todo en aquellos países tropicales. En general, las comidas bien cocidas y muy calientes son las más seguras. Evitar consumir alimentos ofrecidos en puestos ambulantes, productos lácteos no pasteurizados o esterilizados o mariscos sin cocer.
Tome las frutas peladas por usted mismo y lavadas previamente con agua con unas gotas de lejía. Beba agua de envases cerrados herméticamente. Evite usar hielo. Usar agua mineral embotellada para lavarse los dientes.
Tome la medicación contra la malaria si se va a visitar un país endémico. Su médico le indicara cuando debe comenzar a tomar la medicación y cuando debe dejarla.
Si visita África evite nadar y realizar actividades acuáticas en lagos y arroyos de agua dulce. Es fácil que pueda infestarse con parásitos.
Si va a un país con alto riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos use repelente de insectos ( los que contienen DEET son los mejores). Use ropa tratada con permetrina y no se olvide de mosquitero para su cama.
Si viaja o conduce respete las normas de tráfico, evite viajar en medios de transporte colectivo masificados. No olvide asesorarse sobre seguridad en los barrios o lugares que pretenda visitar.