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martes, 24 de enero de 2017

El médico y sus deberes ante las deficiencias del Sistema


La neogestión sanitaria, producto de los recortes secundarios a las medidas de reducción del déficit presupuestario, y obligada por  la Unión Europea, conlleva la posibilidad de que los médicos nos veamos comprometidos en nuestro quehacer asistencial.
Dicho compromiso, en ocasiones, roza nuestra ética profesional y varios de los preceptos que nuestro código deontológico propugna.
La desmotivación, el cansancio, la falta de respuesta a nuestras inquietudes profesionales ha hecho, en los últimos tiempos, que algunos compañeros hayan lanzado un desesperante llamada de auxilio a través de las redes sociales y  tal circunstancia les haya ocasionado problemas laborales, algunos de considerable calado.
Es por ellos, por todos ellos, por todos nosotros sin excepción, esta llamada de atención a las autoridades sanitarias y a los gestores de la sanidad pública para que vigilen el cumplimiento de la legislación laboral y las condiciones que rigen su, nuestra, tarea profesional.

El médico, principal agente de la preservación de la salud, debe velar por la calidad y la eficiencia de su práctica,  principal instrumento para la promoción, defensa y restablecimiento de la salud.(Art. 7, punto 2 de CDM).
Siendo el sistema sanitario el instrumento principal de la sociedad para la atención y promoción de la salud, los médicos han de velar para que en él se den los requisitos de calidad, suficiencia asistencial y mantenimiento de los principios éticos. Están obligados a denunciar las deficiencias, en tanto puedan afectar a la correcta atención de los pacientes. (Art. 7, punto 5 de CDM).
La confraternidad entre los médicos es un deber primordial y sobre ella sólo tienen preferencia los derechos del paciente (Art. 37, punto 1º del CDM). 
El médico pondrá en conocimiento de la dirección del centro las deficiencias de
todo orden, incluidas las de naturaleza ética que perjudiquen la correcta asistencia. (Art. 45, punto 2).
La Organización Médica Colegial tiene el deber de preservar secreta la información y la documentación relacionada con las cuestiones
deontológicas de sus colegiados.(Art.44, punto 5 del CDM).
Los directivos de la Organización Médica Colegial tienen el deber de intervenir en la organización sanitaria y sobre todos aquellos aspectos que puedan afectar a la salud de la población.(Art. 44, punto 7 del CDM).
El médico que presta su servicio en el Sistema Nacional de Salud ha de velar y contribuir para que en él se den los requisitos de calidad,

suficiencia y cumplimiento de los principios éticos. Secundará las normas que contribuyan a mejorar la asistencia de los enfermos.
El médico pondrá en conocimiento de la dirección del centro las deficiencias de todo orden, incluidas las de naturaleza ética, que perjudiquen la correcta asistencia. Si no fuera así, las denunciará ante su Colegio, y en última instancia a las autoridades sanitarias, antes de poder hacerlo a otros medios.

Art. 45 de CDM).

CDM: Código de Deontología Médica

A todos aquellos que en su labor cotidiana trabajan por lo más sagrado del Universo, la vida humana.



sábado, 7 de mayo de 2016

La sala de espera



¿Quién no ha pasado por una Sala de Espera?. Circunstancia que todos recordamos, más o menos detallada, según lo que nos haya llevado allí y, sobre todo, cómo nos haya ido. 
Es indudable que no es lo mismo esperar una simple consulta con nuestro médico de Atención Primaria para que nos atienda de una patología banal que esperar a que nos atiendan, tumbados en una camilla, en un servicio de Urgencias, o bien a la espera de la realización de una prueba médica en la que el resultado es incierto. 
El nivel de estrés puede variar. El "que tiene paciencia", que observa y piensa, se ve sometido a una prueba que el médico debe conocer.

Decálogo para una sala de espera oncológica
Un post de "Un rayo de Esperanza",

La simple espera crea cierto grado de ansiedad, variable según la personalidad del sujeto. Imaginar la respuesta de nuestro médico ante nuestra consulta se manifiesta, siempre, con cierto grado de
nerviosismo. Se puede ser o estar enfermo y otra, muy diferente, coincidente o no, "sentirse enfermo". La salud no es algo estatico, es un proceso cuyo resultado deviene de lo que hacemos, pensamos o sentimos, por lo que uno puede estar enfermo y/o sentirse enfermo en un grado diferente según lo que predomine. Y la espera en una consulta es una circunstancia que produce vivencias muy diferentes. La respuesta que de nuestro médico obtengamos puede resolver nuestras dudas al salir o crear más estrés si la respuesta obtenida no es la esperada.

La espera nos hace observar al rsto de los que esperan. Nos preguntamos que es lo que piensan todos y cada uno de los que aguardan ¿Qué les
llevará a consultar? Las razones, unos evidentes otras no, pueden ser muy variadas.

Fijaros en los pacientes que esperan en la sala de la fotografía. Orservad a todos y a cada una de las personas que aperecen en la instántanea. Componen una estampa en la que un mundo de sensibilidades interiores esta en juego y en plena ebullición. Cada uno arrastra un problema que demanda solución y todos juntos esperan ser atendidos lo antes posible.
Alguien como yo, médico y enfermo, que ha pasado por muchas salas de espera y que ha estado
trabajando "al otro lado" de la puerta de un despacho médico, ha procurado aprender de lo observado, de lo vivido, sentado en una de esas sillas incómodas de nuestro consultorio de la Seguridad Social, o simplemente intercambiando unas palabras con el que, sentado junto a ti, esta ensimismado en su padecimiento. 

Algo común nos une y buscas, inconscientemente, eludir la preocupación contando con la complicidad del que también espera.
Otra cosa es situarse al otro lado de la puerta, la situación que se vive es completamente diferente. El médico, lejos de comportarse como un objeto, se convierte en una esponja y se hace eco de todos los
problemas, o al menos lo intenta, aunque disponga de poco tiempo. Desde la simple emisión de un parte de baja hasta la resolución de un problema médico de díficil diagnóstico y que requerirá la realización de pruebas médicas, o tal vez, la interconsulta con algún colega, buscando aliviar siempre y curar en lo posible.
El médico no permanecerá impasible, cada uno de sus pacientes dejará una huella en él, tantas como pacientes, unas más profundas que otras, y que le iran curtiendo en el ejercicio profesional.


Una noche en la Sala de Espera 
 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Llega la enfermedad


 
Diez años atrás, viernes, un claro síntoma puso en guardia a Antonio. Le mente funciona rápido y comprende lo que ocurre. No puede por menos que comentarlo con su pareja. El rostro de preocupación se hizo patente. Dejó pasar unas horas, la noche se hizo larga, muy larga. Fue imposible conciliar el sueño, el mundo se le venia encima.

Por la mañana, temprano, llama a un compañero y le pone al corriente. Sin mediar más palabras y sin mostrar sentimentalismo ni rastro de pena le indica, de forma profesional, lacónica y casi abrupta, lo que tenía que hacer, sin pérdida de tiempo. Agradeció que tomará esa decisión pues estaba paralizado. Sus palabras le sirvieron de acicate, le espolearon para tomar el camino del hospital y ponerse en sus manos como un enfermo más.

Ya en la consulta las miradas de ambos médicos se cruzaron, sabian los dos que es lo que ocurría. Una breve, muy breve historía clínica y la indicación de una prueba complementaria que, a la sazón y con toda seguridad daría con la confirmación del diagnóstico. No cabía ningún lugar a la duda, la sospecha diagnóstica se reflejo en
ambas mentes. No hubo ninguna palabra de consuelo, ni de cariño. Los dos eran profesionales y sabían que terreno pisaban.
 
Otro compañero y, sin embargo, amigo, recibió a Antonio en el servicio de Radiología., directamente pasaron a la sala de exploración. Mientras el "paciente" se preparaba unas pocas preguntas, certeras, después la tecnologia dió con lo que ocurría, "Ahí está ¿lo ves?" - le dijo el radiólogo- La pantalla a la que tenia acceso visual le mostró lo que ya sospechaba. Medidas y más medidas, hasta que terminó el estudio. "No te preocupes, pasaré el informe" pasate por la onsulta, les voy a llamar ahora mismo.

Con una losa encima atravesó de extremo a extremo aquel pasillo largo y amplio, recortadoas sus paredes con grandes ventanales acristalados. Los pasos que ahora daba Antonio recorrían aquellos metros que tantas veces había hecho en sus guardias de hospital pero, ahora, no era para acudir a ver a un enfermo ingresado requerido por la enfermera de planta sino para, como enfermo, recoger la solicitud del estudio preoperatorio. El médico... había pasado al otro lado, era un paciente más.