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miércoles, 24 de mayo de 2017

La carestía de los servicios sociosanitarios. Una aproximación al problema

El Instituto Nacional de Estadística (INE)  en la Encuesta de Condiciones de Vida  advierte que uno de cada 10 hogares tiene dificultades para  pagar los servicios sanitarios y sociosanitarios, y tres de cada 10 en los que vive una persona dependiente que necesita recibir cuidados a domicilio no tiene cubierta esa asistencia por no poder pagarlo.
Consultar a un especialista, ir a por recetas o recibir tratamientos dentales son servicios sanitarios que emplea un 90% de los españoles. El copago esta presente en cada uno de estos servicios y en alguno de ellos se duplica (no solamente se deduce de la nómina sino que también se debe abonar en la farmacia, en la ortopedia -prestación farmacéutica, ortoprotésica, etc- y en el caso de las prestación odontológica la cobertura por el Sistema Nacional de Salud es mínima).
Si tenemos en cuenta la dependencia, cada día fallecen 90 personas dependientes -una cada 15 minutos- sin recibir los servicios a los que tienen derecho, lo que suma más de 150.000 personas en los últimos cinco años. Así lo revela el XVII dictamen del Observatorio de Dependencia, que añade que uno de cada de tres dependientes que espera su prestación es un caso vulnerable y por tanto, precisa de dicha aportación de manera urgente. Asimismo, del total de las personas desatendidas, unas 122.000, casi cuatro de cada 10 son dependientes con grados II o III, lo que quiere decir que la mayoría de ellos necesitan atención extendida y en ocasiones hasta continuada para su autonomía personal.
Por todo ello se hace necesario invertir en un mejor sistema que garantice una  suficiente financiación avalada por una política de pactos en el marco de la legislación autonómica y estatal y supervisado por instituciones independientes del Estado.
Riesgo de pobreza y exclusión social

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El Mal de Alzheimer, una enfermedad familiar



La demencia tipo Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que cursa con deterioro cognitivo y trastornos en la conducta, incapacitando de manera considerable a la persona que lo padece además de afectar al entorno más cercano del individuo: la familia. 
Se calcula que uno de cada diez personas mayores de 65 años padecen la enfermedad.
En la mayoría de los casos, algunos miembros de la familia adoptan el papel de ‘cuidador’ y se ven
atrapados por la enfermedad.
El cuidador, en una mayoría de ocasiones, ha de estar pendiente del enfermo las 24 horas del día y durante 365 días al año, lo que supone una dependencia absoluta por la carga y sufrimiento emocional al no saber cómo reaccionar ante ciertas situaciones, provocando un anticipo de duelo hacia la pérdida. Esta situación, debido a la falta de recursos y que incluye la hospitalización, visitas médicas, residencias o fármacos y que en un porcentaje elevado son asumidos por la familia, lleva al cuidador a abandonar su vida laboral. A nivel social se produce un aislamiento y se le dedica menos tiempo al resto de los miembros de la familia y/o amistades.

Es fácil que el cuidador caiga en la idea errónea de pensar que puede cuidar al enfermo porque lo conoce, dando por hecho que el cuidado también va a ser mejor que el que se facilita en los centros geriátricos o especializados Hay que hacer ver al cuidador que, si es posible, llegado el caso, debe poner al enfermo en manos de profesionales que sepan tratar a estos enfermos. Hay que convencer a los cuidadores de que deben proteger su salud mental.
El mal de Alzheimer es uno de los retos sociales y sanitarios más importantes que se encuentran en la
sociedades industrializadas cara a las próximas décadas.
A continuación se hace mención a 15 puntos clave para cuidar a un enfermo de Alzheimer 

1. Seguir una rutina diaria. Asegurarse de que haya muchos objetos familiares alrededor.
2. Mantenerse al tanto de dónde está el paciente y de su seguridad. Un método que algunas familias usan para prevenir que el paciente se extravíe es ponerle campanas a todas las puertas que den al exterior.
3. Asegurar que el paciente coma bien y beba una abundancia de líquidos.
4. Ayudar al paciente a que se mantenga los más independiente posible por el mayor tiempo posible.
5. Proporcionar oportunidades para que el paciente haga ejercicios regularmente y no se olvide de la
recreación.
6. Seguir relacionándose con los amigos y la familia.

7. Emplear ayudas escritas para la memoria como calendarios y grandes relojes, listas de las tareas diarias, recordatorios acerca de las rutinas o medidas de seguridad e identificando las etiquetas en los objetos que pueden olvidarse. Actualmente existen aplicaciones informáticas como las que se pueden encontrar en http://stimuluspro.com/
8. Asegurarse que el paciente se haga chequeos regulares.
9. Planificar necesidades futuras como la atención en Centros de Día y el ingreso en una Residencia.
10. Dar mucho apoyo emocional al paciente y a todos los prestadores de asistencia.
11. Asegurarse que el paciente tome los medicamentos regularmente, si se prescriben.
12. Asociarse a un grupo de apoyo para los miembros de la familia.
13. Pedir ayuda con las finanzas, arreglos legales, asesoramiento diario, temas emocionales, atención de reposo o arreglos del hogar para convalecientes cuando se necesite.

14. Revisar el hogar en cuestiones de medidas de seguridad, como barras en la pared cerca de la taza del baño y la bañera, luces nocturnas en los pasillos y en las escaleras, alfombras no resbaladizas, etc.
15. Asegurarse que todos los profesionales sanitarios tengan una lista completa de todas las recetas y todos los medicamentos sin receta del paciente.

Comunicarse con una persona con Alzheimer

miércoles, 21 de octubre de 2015

Las demencias y su coste económico


Según la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras
Demencias (Ceafa) y basándose en un estudio publicado en la revista 'The New England Journal of Medicine' la demencia tiene un precio cada vez mayor. En EEUU, se afirma en el análisis, supuso en 2010 un coste entre 157 y 215.000 millones de dólares, muy similar al de las enfermedades coronarias e incluso superior al del cáncer.
Si bien el coste de las demencias es muy dificil de precisar por los costes indirectos que conlleva este
estudio los excluye para intentar aproximarse a un coste real. Pero lo cierto es que, después de analizar varios estudios sobre la salud en estadounidenses mayores de 51 años, "observamos que a partir de los 71, el 14,7% desarrollaba demencia y entre el 75% y el 84% de los gastos que conllevaba este trastorno no eran sanitarios directos, sino que se debían al ingreso en residencias y a los cuidados (formales o
informales) en el hogar".
En España, con más de 800.000 personas afectadas, según los expertos el 80% de los gastos se producen a medio y largo plazo por cuestiones sociales cuando la persona con Alzheimer pierde autonomía y se hace dependiente (necesita a alguien para realizar las tareas diarias, por ejemplo, comer, vestirse, etc.). Es decir, el enfermo de Alzheimer no es especialmente costoso. Lo caro no es la enfermedad sino la
dependencia y esto es lo que habría que intentar retrasar.
Los hallazgos de este análisis, subrayan los autores del trabajo, "hacen hincapié en la urgencia y necesidad que hay de invertir más esfuerzo para desarrollar un plan que minimice el impacto económico de la demencia en la sociedad". En 2011, Obama impulsó un proyecto nacional de investigación del cerebro con "el objetivo de encontrar nuevos tratamientos y ofrecer una asistencia mejor", plan que cuenta con una inversión de 100 millones de dólares.
Según fuentes expertas españolas "este tipo de estudios [como el que publica 'NEJM'] ayudan a
reflexionar sobre cómo se deben enfocar los sistemas de salud, especialmente en las personas mayores, para retrasar el deterioro cognitivo y la pérdida de autonomía en la medida de lo posible". ¿Cómo? Tratando la comorbilidad asociada, con fármacos específicos, potenciando la vida social, etc.
Dada la prevalencia e incidencia del Alzheimer en EEUU y en España, se puede decir que "hay una
correlación" entre los costes económicos observados en este trabajo estadounidense y los españoles.
"Según un estudio realizado por Ceafa (en 2004), el coste de la demencia en nuestro país supera los
24.000 millones de euros, una media de 30.000 euros por paciente y año".
Las administraciones públicas de los países desarrollados tendrán que hacer un esfuerzo para solventar un problema económico que se prevee de gran magnitud en los próximos años.